No tengo dudas, de que uno de los atractivos del turismo español es la combinación calidad precios que ofrece. Pero no por ello he de aceptar, que la calidad sea la adecuada y los bajos precios que aplicamos para distribuir nuestros bienes y servicios sean los óptimos. Hemos de reiterar un hecho ya demostrado en otras ocasiones, y destacado en distintos foros y debates. España utiliza una extraña e ineficiente combinación, que es vender barato, siendo poco competitivo en valores reales, por su baja productividad. Como consecuencia los resultados son insuficientes. De tal manera, que utilizando como ejemplo el caso francés, apreciamos que nuestros vecinos, son más inteligentes, ya que registrando la mitad de las noches o estancias en su demanda internacional, ingresan prácticamente, la misma cuantía de ingresos por turismo extranjero.
En ese sentido podríamos preguntarnos ¿Si nuestros bajos precios nos hacen competitivos? Asimismo, podríamos preguntarnos también ¿si son nuestros coeficientes de productividad los que permiten vender a precios bajos? Las dos preguntas deberían ser respondidas negativamente. Nuestros precios inadecuados no nos hacen más competitivos, sino que estamos absorbiendo estratos de demanda que asumen una calidad discutible, pagando a cambio tarifas envilecidas (hoteles de cinco estrellas degradados, vendiendo habitaciones por menos de cien euros, como ejemplo). Tampoco es nuestra productividad la que facilita vender a precios menores, ya que aquella, respecto a la media europea en turismo, se encuentra por debajo de un 30 %.
Como consecuencia, cuál es nuestra conclusión a dicho análisis. Resulta bastante elemental el examen de la situación: costes salariales inferiores, que conducen a deficiente calidad, y a menor preocupación por la formación. Por ello deberíamos recordar algo de la teoría del valor de David Ricardo cuando establecía, que el equivalente de cambio de las mercancías, (servicios turísticos y precios de las habitaciones) debería identificarse con la cantidad de trabajo utilizado para su producción.
En el turismo español, parece no importar tanto la competitividad y la productividad. Lo que equivale a renunciar a estrategias de mejora de imagen y calidad, que se lograrían, incorporando procesos de innovación. Siendo aparentemente competitivos por los precios, porque los costes de la no calidad y de los salarios son bajos.
Asimismo, parece que también renunciamos a la productividad, ignorando la tecnología aplicable al proceso productivo, así como la innovación en la distribución y la organización de los procesos. Lo cual nos acercaría al pensamiento de Adam Smith, que entendía exactos los principios de Ricardo; posibles en las sociedades primarias, pero incompatibles en actividades donde la producción de los bienes requiere capital en abundancia.
En la mayoría de los sectores que integran el sistema turístico, hemos pues de interpretar, que el logro de la competitividad y productividad que necesita el turismo español, se ha de basar en dos hechos indiscutibles: ampliar la formación en el tiempo, mejorando sus contenidos y sus objetivos, y haciendo irrenunciable el aprovechamiento de las oportunidades y experiencias tecnológicas e innovadoras.
Por tanto, la formación es la única vía para el logro de la calidad de los servicios turísticos. Y solo con calidad e innovación, aumentaremos la competitividad. En el marco de ese modelo seremos eficientes. No exclusivamente, porque seamos baratos. En paralelo, la racionalización de los costes y también la mejora de la calidad por la formación y la tecnificación, nos llevará a una productividad real y rentable.












comentarios
Considero que es importante la innovación con enfoque hacia la producción pero comparto más la visión del Dr. Muñoz de Escalona en "El Turismo Explicado con Claridad" cuando comenta en diferentes oportunidades acerca de la importancia de la demanda en el desarrollo y evolución del turismo a lo largo de la historia.
En este sentido pienso que tal vez no se está mirando el mundo como se debe, siguiendo lo que se comenta día a día en las redes sociales o entendiendo qué es lo que el turista de hoy quiere en realidad. Es que la innovación puede llegar y no ser efectiva si no cumple con los deseos y expectativas del cliente. Tal vez la innovación está demasiado enfocada hacia la producción y se aleja de un enfoque de demanda.
O bien, se está desconociendo el creciente interés por países como China o alternativas de turismo hacia países como Vietmam donde la experiencia es completamente diferente a la oferta tradicional. El tema está en que hoy en día, puede que gran parte de la humanidad esté buscando recuperar ese componente social de Durkheim y ese contrato natural del que alguna vez habló Serres. Y esto lo busca también a la hora de viajar. Lo que no sé es qué tanto ha variado la oferta de España en los últimos 20 años. ¿Será que ha evolucionado? ¿Será que se ha quedado en lo mismo de siempre? ¿Será que la innovación debe llegar más por cuenta de entender a los que viajan y no tanto a los que llevan años ofreciendo lo mismo, aunque con alguna innovación poco acertada?
Estoy de acuerdo con el Dr. Figuerola en cuanto a la necesidad de innovar en momentos de coyuntura actual, pero pensando lo que está buscando el turista de hoy en día, que cada día cambia sus intereses y así, sus motivaciones.