
Ello, quizá disculpable en el seno de países menos desarrollados donde el Estado debe asumir con frecuencia un papel promotor ad hoc dela actividad económica, tiene muy poca justificación en lares europeos. Busquemos la responsabilidad máxima en instituciones nacionales y supranacionales, que han reducido la política turística a acciones puntuales, coyunturales, y más enfocadas al titular mediático que a la sostenibilidad, competitividad y logros económicos y sociales del turismo. Pero no eximamos totalmente de culpa a la sociedad civil, que no ha ejercido la presión institucional suficiente para encauzar a su favor el desarrollo que el turismo puede crear.
Bien, llegada la medianoche, ante la caída de la renta de muchos consumidores, con un horizonte de inseguridad económica, cambio climático, alzas seguras de los precios de la energía, inestabilidad institucional… pudiera ser el momento de reconsiderar el paradigma turístico. ¿Van a salir favorecidos los viajes de menor recorrido y consumo energético? ¿Se prolongarán los tiempos de estancia? ¿Se tenderá a profundizar en la autenticidad de la experiencia turística? En todo caso, parece momento adecuado para que los personajes del jardín del turismo –todos los personajes, incluyendo esta vez también la sociedad civil— reflexionen estratégicamente sobre el futuro de la actividad. Ya pasó el momento de anunciar una y otra vez el crecimiento del número de turistas internacionales; ya no caben los triunfalismos del BAU (business as usual); es hora de reconfigurar el tejido empresarial y social del turismo –y no sólo el de las finanzas o las actividades industriales.
Pasada la medianoche, los personajes de Berendt en la novela y los de Clint Eastwood en el film del mismo nombre --muertos algunos caracteres y prejuicios-- encuentran un nuevo equilibrio en la ciudad de Savannah; ¿logrará lo mismo el turismo en nuestro Savannah contemporáneo?








