Planteada la cuestión de identificar los factores que determinan la rentabilidad del turismo, como digo, lo primero que se les ocurre es advertir que el número de visitantes no es, ni mucho menos, uno de ellos. Al contrario, que la masificación hay que evitarla diseñando no “una política basada en números, enfocada a traer cantidades de turistas” sino “orientada a obtener beneficios, es decir a que los ingresos de los visitantes superen los costes que conllevan traerlos y responder a sus expectativas en destino, ejercicio que todavía en muchos lugares no se ha hecho y no se quiere hacer, por temor a que las cuentas no salgan positivas”. En definitiva: que “el turismo es rentable cuando genera desarrollo local”. Dicho lo cual, queda dicho todo lo que hay que decir. A los inversores públicos o privados parece que debe bastarles con plantearse el problema así: ¿Es rentable el turismo? La respuesta magistral es esta: si genera desarrollo local, sí; si no genera desarrollo loca, no.
Como se ve, asistimos a la insurgencia de turisperitos que van por el ancho mundo dando lecciones magistrales a los pueblos desfavorecidos mostrándoles el camino que deben seguir a la hora de implementar una política turística que les saque de la pobreza. Ignoran en qué consiste el desarrollo local pero dan por sentado que, sea lo que sea, para conseguirlo hay que huir de la masificación como de la peste, sea lo que sea la masificación. Pero lo más curioso de todo es que aun no se han percatado de que si hablamos de turismo es porque el término hace referencia a un flujo creciente de visitantes, hasta tal punto de que si no se rebasara un umbral mínimo de visitantes no sería posible el desarrollo de negocios sostenibles, es decir, financieramente rentable. Solo si esto es posible se podrán plantear las siguientes cuestiones, es decir, la rentabilidad económica, social y medioambiental.





comentarios