El Café, casi tan importante como el petróleo

El café que hoy nos venden desde tierras sudamericanas, estaba arraigado ya en España por la dominación árabe, procedente de las plantaciones africanas, y fue Colón quien llevó las semillas al Nuevo Mundo en uno de sus viajes. Pero el origen del café se sitúa en la comarca abisínica de Kaffa, que dio nombre a la bebida.
Algunos estudiosos pretenden que el café no se conoció hasta 1534, en que aparece escrito su nombre, por primera vez, en Constantinopla y que poco después llega, en el 1600, a Venecia, pasando a Holanda e Inglaterra, arraigando sucesivamente en buen número de ciudades importantes de Europa, pero dejando siempre de lado a España. Según la leyenda, el café existe desde los inicios del mundo, si bien fue descubierto en el siglo IV por un pastor árabe, el cual se había dado cuenta de que sus ovejas, al comer de la planta que lo produce, se comportaban de forma más divertida y distendida. Movido por la curiosidad, él también comió de estas semillas y comprobó que su alegría y satisfacción también aumentaba. El hecho llegó a oídos de un monje, el cual verificó que mojando los frutos hasta agrandarlos, luego secarlos y después cocerlos (lo que hoy sería el tueste), se obtenía una bebida que producía los mismos efectos que la producida por la planta descubierta por el pastor. Los monjes comenzaron inmediatamente a emplear la planta del café para mantenerse despiertos durante sus rezos.
Entre los muchos elementos que componen el grano de café están las sales minerales, ciertas vitaminas y su “alma mater”, la cafeína. Por ella, el café es uno de los mejores estimulantes cardiacos pues estimula la circulación y acelera la respiración. Se le considera asimismo un excelente estimulante del sistema nervioso ya que se cree que retarda el sueño y mejora la concentración mental. También se le atribuye una cierta actividad diurética y un aumento del peritalismo intestinal.
Algunos doctores consideran que el café y la cafeína están absolutamente indicados en casos de ebriedad e incluso intoxicación alcohólica; como también para hacer reaccionar a los intoxicados por substancias narcóticas y psicoactivas. Está recomendado en los casos de diabetes, pero está contraindicado en los enfermos hepáticos y de dispepsia, dado que se trata de un irritante intestinal, por lo que nos es extraño que no siente bien a las personas que tienen disfunciones gástricas.
El café llega en grano verde, desde su origen, a los países destinatarios y es en su destino donde se transforma en el producto que finalmente saboreará el consumidor, como destinatario final. El manufacturador selecciona los tipos y compone las mezclas de café verde, realiza el proceso de tostado, molienda y envasado. Aunque finalmente es el consumidor quién tiene la última palabra en la preparación de la taza de café. Todo el proceso, por cuidado que haya estado, no servirá de nada si la preparación de la taza de café es incorrecta.
Según el sabor, el café se cataloga en tres grupos bien diferenciados:
Arábico lavado: Kenia, India, Etiopía, Camerún, Colombia y casi todos los países centroamericanos.
Brasileño: Arábicos no lavados. Los brasileños se consideran aparte debido a su enorme variedad, que va desde un excelente arábica hasta un robusta.
Robusta: Africanos, brasileños, indonesios y otros. Tienen más cafeína, son menos aromáticos, menos suaves, menos ácidos pero más amargos.
Se considera café lavado o no lavado según que el proceso de limpieza se haya efectuado por sistema húmedo o seco. El café verde también se clasifica en origen según el tamaño de la criba, la altitud del cultivo y los defectos. Luego se envasa en sacos y se exporta.
Cada español consume aproximadamente cuatro kilos y medio de café al año, más o menos la mitad que en el resto de la Comunidad Europea. Un dato a destacar es que de esta cantidad la mitad se consume en bares, granjas o restaurantes, fuera del propio hogar.
Preparar el café
Existen incontables maneras de preparar el café, pero el rey sigue siendo el café express, con tres características bien definidas: la crema, el aroma y el cuerpo.
Escoja la variedad de café que más se adapte a su gusto; no se deje influenciar por marcas ni nombres. Pruebe y quédese con el que más le satisfaga.
Asegúrese de que el paquete de café está dentro de la fecha de caducidad. Una vez abierto el paquete, consérvelo en un recipiente hermético y en un lugar fresco y seco.
La cafetera se debe limpiar con agua y jabón, pero debe enjuagarse perfectamente con agua.
Hay que utilizar la dosis de café adecuada; lo habitual suelen ser dos cucharaditas por taza. Puede echarle un poco más si le gusta más fuerte.
Hay que hacer el café con agua de la máxima pureza, mineral o embotellada. El agua clorada cambia absolutamente el gusto del café, además de estropear rápidamente las cafeteras.
El café nunca debe hervir y nunca debe ser recalentado.
El café instantáneo o soluble se obtiene por evaporación de una decocción concentrada de café. Estos extractos suelen liofilizarse pues de este modo el aroma se mantiene especialmente bien.
El café descafeinado se obtiene sometiendo al vapor los granos tostados y extrayendo la cafeína con ayuda de disolventes. Los granos de café contienen hasta un 2% de cafeína, un “veneno” vitalizante.
Algunos estudiosos pretenden que el café no se conoció hasta 1534, en que aparece escrito su nombre, por primera vez, en Constantinopla y que poco después llega, en el 1600, a Venecia, pasando a Holanda e Inglaterra, arraigando sucesivamente en buen número de ciudades importantes de Europa, pero dejando siempre de lado a España. Según la leyenda, el café existe desde los inicios del mundo, si bien fue descubierto en el siglo IV por un pastor árabe, el cual se había dado cuenta de que sus ovejas, al comer de la planta que lo produce, se comportaban de forma más divertida y distendida. Movido por la curiosidad, él también comió de estas semillas y comprobó que su alegría y satisfacción también aumentaba. El hecho llegó a oídos de un monje, el cual verificó que mojando los frutos hasta agrandarlos, luego secarlos y después cocerlos (lo que hoy sería el tueste), se obtenía una bebida que producía los mismos efectos que la producida por la planta descubierta por el pastor. Los monjes comenzaron inmediatamente a emplear la planta del café para mantenerse despiertos durante sus rezos.
Entre los muchos elementos que componen el grano de café están las sales minerales, ciertas vitaminas y su “alma mater”, la cafeína. Por ella, el café es uno de los mejores estimulantes cardiacos pues estimula la circulación y acelera la respiración. Se le considera asimismo un excelente estimulante del sistema nervioso ya que se cree que retarda el sueño y mejora la concentración mental. También se le atribuye una cierta actividad diurética y un aumento del peritalismo intestinal.
Algunos doctores consideran que el café y la cafeína están absolutamente indicados en casos de ebriedad e incluso intoxicación alcohólica; como también para hacer reaccionar a los intoxicados por substancias narcóticas y psicoactivas. Está recomendado en los casos de diabetes, pero está contraindicado en los enfermos hepáticos y de dispepsia, dado que se trata de un irritante intestinal, por lo que nos es extraño que no siente bien a las personas que tienen disfunciones gástricas.
El café llega en grano verde, desde su origen, a los países destinatarios y es en su destino donde se transforma en el producto que finalmente saboreará el consumidor, como destinatario final. El manufacturador selecciona los tipos y compone las mezclas de café verde, realiza el proceso de tostado, molienda y envasado. Aunque finalmente es el consumidor quién tiene la última palabra en la preparación de la taza de café. Todo el proceso, por cuidado que haya estado, no servirá de nada si la preparación de la taza de café es incorrecta.
Según el sabor, el café se cataloga en tres grupos bien diferenciados:
Arábico lavado: Kenia, India, Etiopía, Camerún, Colombia y casi todos los países centroamericanos.
Brasileño: Arábicos no lavados. Los brasileños se consideran aparte debido a su enorme variedad, que va desde un excelente arábica hasta un robusta.
Robusta: Africanos, brasileños, indonesios y otros. Tienen más cafeína, son menos aromáticos, menos suaves, menos ácidos pero más amargos.
Se considera café lavado o no lavado según que el proceso de limpieza se haya efectuado por sistema húmedo o seco. El café verde también se clasifica en origen según el tamaño de la criba, la altitud del cultivo y los defectos. Luego se envasa en sacos y se exporta.
Cada español consume aproximadamente cuatro kilos y medio de café al año, más o menos la mitad que en el resto de la Comunidad Europea. Un dato a destacar es que de esta cantidad la mitad se consume en bares, granjas o restaurantes, fuera del propio hogar.
Preparar el café
Existen incontables maneras de preparar el café, pero el rey sigue siendo el café express, con tres características bien definidas: la crema, el aroma y el cuerpo.
Escoja la variedad de café que más se adapte a su gusto; no se deje influenciar por marcas ni nombres. Pruebe y quédese con el que más le satisfaga.
Asegúrese de que el paquete de café está dentro de la fecha de caducidad. Una vez abierto el paquete, consérvelo en un recipiente hermético y en un lugar fresco y seco.
La cafetera se debe limpiar con agua y jabón, pero debe enjuagarse perfectamente con agua.
Hay que utilizar la dosis de café adecuada; lo habitual suelen ser dos cucharaditas por taza. Puede echarle un poco más si le gusta más fuerte.
Hay que hacer el café con agua de la máxima pureza, mineral o embotellada. El agua clorada cambia absolutamente el gusto del café, además de estropear rápidamente las cafeteras.
El café nunca debe hervir y nunca debe ser recalentado.
El café instantáneo o soluble se obtiene por evaporación de una decocción concentrada de café. Estos extractos suelen liofilizarse pues de este modo el aroma se mantiene especialmente bien.
El café descafeinado se obtiene sometiendo al vapor los granos tostados y extrayendo la cafeína con ayuda de disolventes. Los granos de café contienen hasta un 2% de cafeína, un “veneno” vitalizante.
Joan Capell
Periodista gastronómico.
Inició su actividad en 1963, en "Solidaridad Nacional", creando el comentario diario sobre televisión en el rotativo de tarde 'La Prensa'.
Escribió asimismo en Tele/Express, en el diario deportivo Sport, pasando al diario de tarde El Noticiero Universal, como responsable de la sección de Sociedad. También colaboró en 'La Mañana' (Lleida). En radio tuvo sus programas en 'La Voz de Cataluña', 'Radio Juventud de Barcelona', 'Radio España de Barcelona', 'Radio Barcelona' y la 'COPE'. Fue creador y guionista del programa 'Gent d'Aquí' (TVE Catalunya, 1982-1983).
En la actualidad es director y editor de LA PRENSA, magazine editado en couché especializado en gastronomía, turismo y hogar
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