Tenemos todos tantos deseos de que las cosas vayan a mejor, que incluso los que no somos especialmente aficionados al fútbol, estamos dispuestos a bailar y cantar si el país consiguiera alguna victoria sonada en la Copa de Europa que se inicia en pocos días.
Nos sentimos frustrados, olvidados y amarrados a los compromisos. No vemos la luz al final del túnel, ni el túnel. Los políticos no toman las decisiones que se toman en el sector privado. No se atreven a decir la verdad, por el riesgo de perder nuestro cariño (?).
Unos, grandes culpables de los despilfarros y causantes directos de la situación actual, ahora nos quieren mostrar sus espejitos de colores, con la idea de convencernos de que ahora si, tienen la receta para salir de esta situación. Los otros, aunque pareciera que van tomando decisiones inevitables, tampoco se atreven a tomar con franqueza nuevos rumbos, los únicos que nos permitirían cambiar nuestro destino.
Los únicos que estamos controlando el numero de cafés que nos tomamos, el numero de fotocopias que se hacen en la oficina, somos el sector privado. El sector publico vive a nuestras espaldas, se queja y amenaza con desastres (?) aún más grandes si no mantenemos sus privilegios y becas.
Necesitamos una serie de noticias positivas. Además de ganar al fútbol, ahora nos vendría bien encontrar petróleo en nuestro subsuelo, alguna mina de oro, o que nos tocara a todos la lotería. Algo que nos permitiera recuperar la ilusión, la esperanza y la fe en el futuro.
Si no las recuperamos, la vida se vuelve un arrastrar los pies, abandonados por la energía. Lo primero, hay que dejar de ver las noticias económicas en la televisión y en la prensa. Luego dejar de hablar con los colegas, que nos tienen aburridos con sus propias historias tristes, no muy diferentes de las nuestras.
A que hora llega la esperanza a nuestra estación?
comentarios