Boletin Turistico

La gestión del desarrollo turístico. El caso de La Vera (II Parte)

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Raúl Álvarez
1. Consideraciones sobre los enfoques del desarrollo turístico.
Con independencia de la escala espacial (nación, región, comarca, municipio) se trata de elegir entre dos opciones y ópticas de desarrollo:  óptica de demanda o de oferta.  Los sistemas de distribución y la comunicación integrada para incrementar y acercar la demanda a los destinos, son subsidiarias de cada una de esas opciones de desarrollo.

 

 

En la óptica de demanda (seguida hasta ahora con verdadero empeño por la mayoría del sector público y del conjunto del sector privado), se trata de promover indiscriminadamente demandas crecientes para nuestros destinos (batir “records”) y después ajustar la oferta en cantidad y calidad (ó precios) a dichas demandas, impuestas frecuentemente, y en gran medida, por los operadores turísticos extranjeros.  En esta opción el papel público estatal ha sido preponderantemente promocional en los mercados exteriores, con algunas intervenciones en el área de formación (promovidas por el Fondo Social Europeo) y otras relevantes de planificación en   épocas recientes, (a partir del año 1992) mucho más destacables por sus resultados que por el volumen de inversión aplicado, (Planes Marco, Dinamización y Excelencia y PICTE).

El papel público regional, a partir de las transferencias, ha sido bastante mimético respecto al estatal, centrado más en aspectos institucionales (organización, leyes y control) y promocionales que en la elaboración de verdaderas políticas regionales y, aún menos, a nivel del desarrollo turístico local.

Los planes de Dinamización y Excelencia turística promovidos por la Secretaría de Turismo vinieron a llenar un importante vacío en la gestión turística municipal y comarcal, más estimables aún por integrar los tres niveles administrativos básicos (municipio, Comunidad autónoma y Administración central).  Su éxito o eficiencia, en todo caso, va a depender básicamente del modelo de gestión aplicado.

En el enfoque de demanda han disfrutado de un excelente caldo de cultivo para la especulación turístico-inmobiliaria múltiples ayuntamientos y promotores privados, como es público y notorio.  Los objetivos y fines de conservación del patrimonio, medio ambiente y de calidad de vida de los residentes en los destinos han brillado por su ausencia, no estaban en las agendas públicas o privadas ( a nivel estatal, regional o local).

En la óptica de oferta ha de ser el destino, sus habitantes, recursos turísticos, medio ambiente y otros factores de acogida, los que “manden” en el desarrollo.  Es el territorio y el potencial turístico y lo que los residentes esperan del turismo quien decide:  ¿cuánta demanda?, ¿en qué períodos temporales?, ¿de que características?, ¿con que formulas de gestión?, ¿cuánta oferta comercial? ¿tipologías? Control del desarrollo inmobiliario y oferta alegal, etc.

Este enfoque, por su carácter, sólo  puede aplicarse con recursos e intervención pública.  ¿Es que sería esperable que una  empresa o aun  un gran grupo empresarial turístico, es más, o una asociación de empresas turísticas, estuviesen dispuestas a mejorar la señalización turística, infraestructuras turísticas, promoción conjunta del destino, por no hablar de sistemas y sellos de calidad o formación?.  La imagen de un destino ¿podría conseguirse a través de los empresarios turísticos?, ¿o acuerdos con operadores?, ¿puede el sector privado turístico controlar la especulación inmobiliaria y la oferta alegal?.......

En la óptica de desarrollo desde la oferta, que podríamos llamar “planificación y marketing de destino”, podemos también evaluar y condicionar externalidades positivas y negativas del desarrollo.  Cuánto empleo somos capaces de crear, ingresos directos e indirectos, efectos en la inversión, producción, y, además, los efectos positivos sobre la conservación del patrimonio, infraestructuras, sistemas de información....(con posible medición a través de la inversión y opinión de la demanda, residentes y empresarios).  Por otro lado, ¿cuál es el valor de la no degradación  del medio?, ¿ de la no saturación?, ¿del mantenimiento de las visuales paisajísticas y del espacio natural?, ¿conservación de flora y fauna?, ¿concienciación sobre el desarrollo (hospitalidad, limpieza, informaciones, etc.) y un importante número de aspectos cualitativos de más difícil medición?

En esta opción de oferta, el destino puede elegir responsablemente entre diversos mercados y segmentos para captar aquellos flujos de turistas más rentables, en función de sus características de acogida.  También, compatibilizar la actividad turística con las demás actividades económicas y coordinar mejor los agentes públicos y privados directamente implicados en el turismo y los transversales que le afectan.

Por el carácter estratégico del Turismo para España, la intervención pública no sólo es justificable sino necesaria dados los importantes recursos que viene aplicando directa e indirectamente al desarrollo turístico: infraestructuras, incentivos a la creación de oferta, formación y otros como el apoyo a los procesos de I+D+I e, incluso, la promoción de destinos.

Suponemos que hasta los más entusiastas defensores del libre mercado turístico y los empresarios más individualistas y celosos de sus competencias privadas están dispuestos a hacer una excepción ante esta “mano visible” del sector público cuando aplica recursos humanos, de conocimiento, capital y coordinación (sinergias) al Turismo.

Es el sector público quien ante una actividad estratégica como el turismo, que supera claramente el ámbito del interés individual para convertirse en interés social, por sus propios fines sociales e importante capacidad de empleo, inversión, administrativa, legal, coordinadora o de concertación, puede y debe abordar el reto del desarrollo en las diferentes escalas espaciales, según la estructura y competencias actuales (nacional, regional, local y Directivas europeas).

 El sector público debe incardinar la actividad turística en el conjunto de las actividades económicas con mayor o menor protagonismo según las características de los destinos y deseos de la población.  En cualquier caso, el desarrollo efectivo, lo que está articulando el territorio y puede llevar a nuestra oferta (en general) a altas cotas en calidad, es el de nivel municipal y comarcal, en un proceso de abajo – arriba, donde los municipios y comarcas articulan el espacio receptivo regional y las CCAA el nacional;  por supuesto, con las políticas turísticas regionales adecuadas y el marco institucional de obligado cumplimiento, donde los planes de urbanismo locales y la planificación de detalle (programas y acciones evaluados) son decisivos para impulsar un desarrollo armónico, avanzado en su sensibilidad medio ambiental y de calidad.

El sector privado, en este marco de desarrollo, ha de contribuir orientando sus instalaciones y servicios hacia la calidad y gestión medio ambiental deseables y participando más activamente, desde lo local a lo regional y desde aquí a los acuerdos con el Estado, tanto en la planificación como en la promoción.  El sector privado es soberano, dentro del marco urbanístico y legal establecido, para decidir sus inversiones y acompañar o no las iniciativas e inversiones públicas y, siempre, único responsable de la gestión de las unidades comerciales de la oferta.  Cuanto más se integre en los procesos de planificación, gestión y promoción del sector público, en todos sus ámbitos, y según respectivas competencias, más eficientes serán las inversiones y la gestión privadas, (y públicas);  no olvidemos que para el turista el producto se compone de servicios públicos y privados, tan importantes los unos como los otros.

2.    Las escalas de la planificación turística. El concepto de destino turístico. Para que la planificación turística sea efectiva es preciso tener competencias (administrativas, urbanísticas y legales) sobre el territorio, un acuerdo previo entre los agentes públicos, privados y la población sobre objetivos y metas y los recursos económicos necesarios para implementar las acciones que procedan.  Para que sea eficiente es necesario que se refiera a un espacio (destino) bien definido, con el que la población esté identificada y constituya un área tradicional de cooperación económica y social.  Además, que exista un órgano mixto de gestión a nivel local que, una vez definidos objetivos y metas, impulse un proceso técnico avanzado con un subsistema de investigación suficiente (demanda, oferta y distribución) y un desarrollo de inversiones apoyado en el mismo que visen solucionar los problemas identificados y fortalecer el destino y su capacidad de acogida.

En relación con las escalas de planificación, los ámbitos nacional, regional, e incluso provincial, permiten una planificación indicativa, unas políticas generales (orientaciones estratégicas, objetivos y metas de medio y largo plazo) pero difícilmente desarrollos turísticos de detalle, por su distancia mayor del territorio y población, protagonista y beneficiaria del desarrollo (municipios y comarcas).  Las escalas espaciales ideales, según demuestra la experiencia del desarrollo turístico, son el municipio (cuando tiene una dimensión suficiente en territorio, población y medios) y la comarca (ideal para el desarrollo conjunto de pequeños municipios unidos por su identidad y espíritu de cooperación).

En esta escala local, la Administración regional aporta el marco institucional, asistencia técnica y recursos, dadas sus competencias y responsabilidades;  la Administración central apoyos financieros, formativos, de calidad y gestión ambiental y promocionales.  Sin embargo, el órgano de gestión del desarrollo ha de ser local (Planes de Dinamización y Excelencia), integrando los dos niveles anteriores (regional y nacional), los distintos municipios, el sector privado (turístico y de otras actividades económicas) y, a ser posible, grupos o asociaciones ciudadanas participativos.

El concepto de destino turístico es ambiguo pero desde nuestro punto de vista ha de ser reconocido desde el ángulo de la oferta y de la demanda.  Desde el punto de vista de la oferta ha de responder a las siguientes exigencias básicas:
•    Un territorio bien definido geográficamente y en el aspecto administrativo.
•    Un territorio con la masa crítica suficiente de superficie, recursos turísticos y población para ser atractivo.
•    Un espacio de identidad acostumbrado a cooperar social y económicamente, con estructura mixta de gestión (público-privada).
•    Un territorio con las infraestructuras suficientes, tanto de accesibilidad como básicas (viarios, transporte, agua, luz, etc.)

Estas exigencias en el espacio-urbano pueden alcanzarse con ciudades medias y grandes o conjuntos de ciudades (clusters) medianas y pequeñas.  En el litoral con municipios o conjunto de municipios (zonas) de características similares o complementarias, unidos por intereses comunes (asociaciones, mancomunidades, marketing, etc).  En el espacio rural, por pequeños municipios integrados en comarcas naturales, a ser posible, unidos para la gestión en Mancomunidades Intermunicipales de Servicios (Turismo y otros servicios).

Desde el punto de vista de la demanda el concepto destino ha de responder básicamente a:
•    Un espacio de acogida definido como municipio o comarca natural, integrado en otros más amplios (zona, región y país).
•    Un territorio que integre el lugar de pernoctación y un entorno accesible en el día, en condiciones razonables, turísticamente interesante por su cantidad, diversidad e importancia de recursos turísticos.  Por su utilización puede constituir un destino único, una extensión de otros destinos o un punto de excursionismo.
•    Un espacio con entidad corporativa (imagen) donde los turistas, agentes comercializadores, alojamientos, restaurantes, oferta complementaria y transporte, hablen del mismo con una sola voz (denominación, logotipo, slogan, etc.).
•    Un espacio capaz de generar ofertas de productos turísticos específicos, ensamblados directamente o con apoyos de operadores, en forfaits, semiforfaits o en otros sistemas de venta, bajo la misma identidad corporativa y comunicación integrada, comprable desde el domicilio del turista vía Internet, comercializadores o directamente con la oferta.
•    Un espacio con  unidad de gestión público-privada reconocible claramente por la demanda, a quien acudir en caso de dificultades, reclamaciones o aspectos informativos. (Oficinas de gestión, información y defensa del turista).

Ultima modificacion el Martes, 23 de Agosto de 2011 13:20

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