Pero, ¿podemos presumir lo mismo a los efectos de la investigación científica? Michelle Troisi, catedrático de economía en la Universidad de Bari (Italia) a mediados del siglo XX, clamaba pidiendo que los expertos en turismo utilizaran una terminología clara, concisa y adecuada para designar el fenómeno objeto de investigación. Por aquellos años, por turismo se entendía ya lo que hacen los turistas y lo que hacen los prestadores de los servicios que necesitan los turistas en el lugar de referencia. Con el mismo término se hacía, y se hace, referencia a dos realidades diferentes: una de orden subjetivo, la actividad del turista (el sujeto demandante de ciertos servicios), y otra de orden objetivo, la actividad de los empresarios (los oferentes de esos mismos servicios (objetos) ¿Y cuales eran y son esos objetos o servicios? Nadie ignora que esos servicios son, ante todo, los que he llamado con propiedad facilitadores (hospitalidad y accesibilidad) aunque al cabo del tiempo se añadieron otros, a los que he dado el acertado nombre de incentivadores (aquellos que generan el desplazamiento de ida y vuelta (el tour)
Si, en lugar de popularizarse el sustantivo turismo se hubiera difundido el vocablo alemán Fremdenverkher, la confusión se habría evitado. Porque ese vocablo hace referencia al hecho obvio de que el fenómeno se da en un lugar concreto y a que consiste en el tránsito de forasteros, es decir, a un flujo significativo (¿masivo?) de visitantes, los cuales, por ser potenciales demandantes de ciertos servicios, terminan por generar claras expectativas de negocios que los residentes aprovechan para ofrecer los servicios que demandan. De manera que lo que los alemanes llaman Fremdenindustrie (industria de los forasteros) no es otra cosas que el conjunto de esos negocios en expansión tanto cuantitativa como cualitativamente, según lo vaya pidiendo el aumento de la demanda.
Si en lugar de hablar de turismo habláramos de industria de los forasteros, el panorama de la literatura especializada ofrecería un panorama no solo menos confuso sino también, y sobre todo, más operativo. Se habrían evitado las veleidades, hoy tan generalizadas, como la filosofía del turismo, la epistemología del turismo o la abrumadora dedicación a la sociología o a la geografía del turismo, disciplinas cuya utilidad no es otra que la de acumular méritos academicistas sin utilidad para la explotación de la actividad empresarial.











