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Carta a Marcelo.

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Blog de Sergio González
Hace tres años, en el verano del 2009, escribí una carta a mi hijo Sergio con motivo de su entonces reciente partida hacia la Universidad y los retos que esta nueva vida le significaban. La carta conmovió a mas de uno, incluyendo desde luego al destinatario y recibí numerosas expresiones de afecto, solidaridad y de agrado por el contenido de la misma, que fue publicada bajo el título “Cuando los Hijos se van”.

 

Hoy, la vida nos pone nuevamente frente a la necesidad de tener que despedirnos temporalmente de otro hijo que en pos del anhelado título universitario, parte de casa.

Todavía no se marcha y ya se me estruja el corazón, no solo por pensar que Margarita y quien esto escribe quedaremos practicamente solos en casa (aunque nos queda el Arquitecto 2014, pero con quien convivimos poco, no por falta de afectos claro…) sino por la nostalgia que produce el solo hecho de que el más pequeño de los cuatro emprenderá el camino hacia su destino, lo que significa que nos han crecido los hijos, que no hay más “chiquillos” en casa, que la vida nos ha cambiado una vez más.

 

Pero antes de ponerme nostálgico, por la muy próxima e inminente falta de juventud en casa, quiero dedicarle este texto a quien lo ha motivado, a mi hijo Marcelo.

 

Querido Hijo:

He conocido en la vida a muy pocas personas como tú. Se que suena trillado y a veces hasta absurdo decir, eres único, claro que lo eres, todos lo somos y cada persona en este mundo tiene su propia personalidad, sus muy particulares virtudes y defectos y cada ser humano tiene un potencial único e irrepetible, sin embargo en este tan complicado mundo en que vivimos resulta común que las personas se vayan adaptando a formas y estilos, que se vayan acomodando a las practicas de la sociedad y que hasta traten de imitar a alguien en el devenir de su vida, lo cual es en cierta medida normal y aceptable; sin embargo tú Marcelo, tienes una personalidad tan propia, tan única, tan auténtica, que es difícil de describir y de encontrarle un parangón, tu no imitas a nadie, tu eres tú, siempre tú.

 

Has buscado la perfección desde que eras un pequeño, has sido tozudo en tus anhelos e inamovible en tus convicciones, lo cual te ha permitido grandes logros de los que estoy sin duda total y absolutamente orgulloso. Admiro tu tozudez, tu compromiso y tu sentido de responsabilidad, para ti no hay opciones, solo hay un camino, el de las cosas hechas con calidad.

 

Por todo ello querido hijo, no tengo duda de que tendrás éxito en esta nueva asignatura que te propones y de que habrás de salir con éxito, sin embargo es mi deber informarte que la vida, cuando te hayas marchado de casa no es tan perfecta como tu esperas que sea. Se que lo sabes, porque eres sumamente inteligente, pero se también que te frustras y desesperas frente a la sinrazón, frente a la estupidez, la negligencia, la falta de compromiso de los demás, la mentira, la impuntualidad y la falta de formalidad de la gente, entre otras cosas.

 

Y creo mi querido Hijo, que sea quizá esa la razón para dirigirte estas líneas, porque una vez que estés fuera de casa no tendrás más guía y consejo que tu propia conciencia y que deberás estar preparado para enfrentar los retos de un mundo lleno de adversidades. Tendrás que ser paciente, un “chip” (el de la paciencia) que a tí y a mí no nos colocaron muy bien cuando nacimos; tendrás que ser tolerante, comprensivo y muy inteligente para poder alcanzar tus metas en medio de los obstáculos y a pesar de las personas que no piensen como tú,de no hacerlo, podrías sufrir, desesperarte y no alcanzar el sueño que tanto anhelas, es por ello que te invito hijo mío a que seas más grande que eso y a que sepas ser humilde y pequeño cuando haya menester.

 

Siempre has sido rudo, serio y muy asertivo, cualidad esta última difícil de encontrar en los Mexicanos, lo que ha significado que de manera natural no hayamos sido muy afectuosos mutuamente, sin que a ninguno le cause incomodidad mayor, sin embargo debo confesarte que en los últimos días siento unas ganas enormes de estrecharte entre mis brazos, de decirte cuanto te amo y cuanto te voy a extrañar, pero tú y yo somos tan rudos que no nos permitimos esos lujos verdad. ¿?  Por eso hoy te lo digo publicamente y por escrito, te amo mi querido hijo, me has hecho siempre tan feliz y tan orgulloso que no me alcanzan las palabras para describirlo como debiera.

 

Se que luego de la Universidad volverás a casa, aunque sea temporalmente, se que nos veremos en el trayecto y se que siempre estarás ahí para Papá y Mamá, pero se también que luego de esta etapa, por diversas razones,  todo cambia y ya nada vuelve a ser igual y es por ello que hoy me pongo nostálgico y te escribo mis quereres.

 

Querido Marcelo, se que para ti la conocida frase de “no cambies, sigue asi”, ó “échale ganas” simplemente no aplica pues tu esencia no lo permite, se que serás disciplinado y comprometido; lo que si aplica es decirte: “Se paciente, tolerante, comprensivo y respeta el talento e iniciativa de otros”. Se fuerte e inteligente, pero se también sensible, romántico y cursi de vez en cuando, eso alegra el corazón.

 

Te deseo el mayor de los éxitos campeón en todo lo que emprendas y te aseguro que tu Padre siempre estará listo para lo que haga falta, lo que sea.

Con todo mi amor.

Tu Padre.

Sergio E. González Rubiera.

Me permiten mis queridos y respetados editores publicarla. ¿?

sgrubiera@acticonsultores.com

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