La expresión cuantitativa de los hechos, cifras, atributos y variables es la mejor técnica de reducir de manera sintética enredados, difíciles y compuestos sistemas de información. Es el mejor modo de presentar complejos sistemas de comunicación numéricos o cualitativos. Sin duda, si el valor estadístico se realiza con rigor y seriedad, se compromete de manera neutral y desinteresada y se proyecta con la simple finalidad de ofrecer una versión simplificada de la realidad, el beneficio y las ventajas del uso serán muy importantes.
El problema se manifiesta cuando el político, técnico, comunicador o empresario prioriza intereses propios al verdadero mensaje de la cifra. Cuando se desea destacar lo impropio, innecesario y no representativo, ocultándose o ignorándose lo sustancial y trascendente. Sin acompañarlo de lo característico, gráfico y útil.
Como consecuencia, las estadísticas en general, y en particular las turísticas, cuya finalidad ha de ser ayudar en la toma de decisiones, en la definición de estrategias y en la aplicación de políticas, si nacen y se proyectan dañadas, sesgadas y envilecidas, los perjuicios pueden ser muy graves. Por lo que evidentemente, nacerá la actitud y el deseo de rechazarlas.
Puedo decir, sin idolatrar al número, que sin estadísticas no puede haber un adecuado programa de actuaciones. Un plan de acción, o la simple decisión de hacer algo. Podríamos indicar, parodiando el significado de los valores números, que lo que no son cuentas, son cuentos.
Quiero atreverme a promover esta reflexión, diciendo que España tiene excelentes estadísticas de turismo. Podría decir, con cierta osadía, que las mejores a nivel mundial –en su entorno, variedad, extensión y responsabilidad- Ahora bien, podríamos hacernos la pregunta. ¿Se sabe manejarlas? ¿Se interpretan bien? ¿Se utilizan en tiempo y lugar, cuándo se debe hacer? ¿Son suficientes? A las cuatro preguntas deberé responder de manera muy afirmativa que no.
A veces se habla de personas, desconociéndose que hay muchas clases de viajeros, que no todos representan lo mismo. No se interpretan correctamente los conceptos de estancia y turista, no estableciéndose las justas diferencias. A menudo, su publicación y difusión es tardía y su ámbito territorial no es el correcto o adecuado. Y por supuesto, falta mucha información para aplicar una eficiente política de turismo. Por todo lo cual, aunque no podemos sentirnos insatisfechos, tampoco felices por su amplitud.
Quiero pues llamar la atención, sobre el valor de las estadísticas de turismo, cuyo reconocimiento ha de ir relacionado con todas las medidas y acciones que se adopten. Por tanto, si se quiere avanzar y progresar mejor en turismo, si queremos un turismo de mayor rendimiento, permanencia y armonía, tendremos que conocer algo más el futuro. Lo cual solo será posible, si dedicamos más esfuerzo al inventario estadístico.

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