La motivación es el objetivo común de todos los clientes de la industria del turismo de reuniones. Una organización proyecta una convención de ventas para motivar a sus vendedores, un congreso para incentivar la participación o el intercambio de información entre sus asistentes o una feria para dinamizar el negocio de una industria. En definitiva, la motivación de los “turistas de negocios” es el fin principal que persigue la organización de la mayoría de eventos y, por tanto, en la medida en que seamos capaces de vender las bondades de nuestros productos como elementos que facilitan esta motivación, nuestras ventas irán a más o no.
Un destino turísticamente atractivo y bien comunicado y un hotel dotado de los mejores servicios, lo que en turismo vacacional podría ser suficiente para conformar una oferta ganadora, no son garantía, en turismo de reuniones, de una ventaja diferencial suficiente. Ha de haber algo más.
El cliente de reuniones e incentivos busca fundamentalmente dos cosas: la atmósfera más adecuada para maximizar el rendimiento de su evento en términos estrictamente profesionales y generar en su público aquellas emociones que hagan perdurar ese evento (efímero por definición) en su memoria y con él los mensajes que éste llevaba asociados.
Motivar es conseguir que nuestro público actúe o piense, voluntariamente, de acuerdo con nuestros objetivos. Motivar es persuadir y solo podremos persuadir si somos capaces de ponernos en la piel de nuestros invitados y, a partir de los recursos disponibles, gestionar sus emociones en favor de los objetivos de nuestro evento.