Desde hace algunos años, a partir de la popularización de los dogmas ecologistas, se ha extendido la repulsa a la llamada masificación del turismo. Recuerdo que, en un seminario de eso que se dio en llamar turismo rural aunque de rural suele tener solo el nombre, que una señora (el llamado turismo rural suele estar en manos de las señoras), dueña de un viejo molino en un río, convertido en vivienda familiar que ofrecía como alojamiento (en él me hospedé) bramaba contra la idea de que se llegara a masificar la llegada de turistas. Aún no llegaba ninguno pero ya rechazaba que llegaran demasiados.
Es obvio que aquella señora estaba abducida por las sanas y santas ideas del ecologismo a ultranza. No en vano su marido era miembro de una organización de la cosa. Siempre me ha sorprendido la enorme difusión de las buenas intenciones del ecologismo. Tanto se han extendido que han logrado opacar que la llegada masiva de visitantes a un lugar no es cosa de un día y que en la mayoría de los casos no solo no se produce sino que ni siquiera se alcanza el umbral a partir del cual es rentable el negocio. Es como si se quisiera empezar evitando el problema de la masificación antes de que se haya alcanzado un número de visitantes suficiente como para que las inversiones sean financieramente viables. La sensatez manda que quienes se propongan abrir un negocio de esos que se llaman turísticos, o los gobernantes que aspiren a hacer del lugar que regentan un destino, antes que nada han de conseguir que lleguen los visitantes, e incluso que aumente sostenidamente ese flujo. Solo cuando ese flujo empieza a amenazar la adecuada conservación de los recursos naturales o culturales habrá llegado el momento de resolver el problema. Puede que llegue si el negocio tiene un éxito espectacular. A veces lo más probable es que no llegue. La regla es de puro sentido común: si no hay clientes no hay negocio y si no hay negocio la amenaza de masificación no es más que una entelequia.
Preocuparse por la masificación de la clientela de cualquier negocio es como aplicar un remedio antes de que aparezca la enfermedad.
(Seguiremos si les parece oportuno)
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