En diciembre de 1981, un grupo élite del ejército salvadoreño incursionó en el caserío El Mozote, cantón La Guacamaya, en el oriental departamento de Morazán, a unos 200 kilómetros de San Salvador, sin compasión y con lujo de barbarie, durante tres días, asesinó a más de un millar de campesinos entre ellos 460 niños, con edades entre los 3 días de nacidos hasta 18 años.
Más de treinta años después, el duelo se respira en El Mozote, miles de turistas van para escuchar la apocalíptica historia, narrada por familiares cercanos o lejanos de las víctimas.
Además el visitante puede apreciar el simbolismo creado para honrar a las víctimas de El Mozote: un jardín y un mural dedicado a los niños sacrificados, un altar a Rufina Amaya, la sobreviviente que destapó e inmortalizó la macabra historia, el monumento a las familias sobre una tumba común, en resumen es una pequeña plaza cuya significado trastoca la humanidad de los visitantes, y le evidencia lo cruel del conflicto armado que vivió El Salvador entre 1980 y 1992.
La infraestructura de fachada de El Mozote es aparentemente muy buena. Pero más de 30 años después otro tipo de situación abate a este poblado del municipio de Meanguera, la mayoría de sus habitantes viven en extrema pobreza, pese a que es un espacio con gran afluencia de turismo, tierras fértiles, habilidades para las artesanías y otros recursos valiosos, los mismos guías narran la masacre de diciembre de 1981 y la condición de pobreza que les aqueja.
El turismo rotundamente no es la solución a la pobreza, pero bien gestionado puede convertirse en un alivio, sobre todo para aquellos que tienen como patrimonio historias tan importantes como crueles. A El Mozote, considerado dentro de la Ruta de la Paz, se le suman otros atractivos como el Llano Muerto que es un bosque de robles y pinos y exquisita belleza escénica y el río Sapo de los pocos no contaminados en el país. Recursos tan valiosos hay en esta zona y otros que se construyen como el Monumento a la Paz y a la Reconciliación, que se edifica a un par de kilómetros al sur del casco principal de El Mozote. Esta obra bajo la responsabilidad de la misión sacerdotal Santa María de la Trinidad tiene gran alcance en todo sentido, incluye un mirador con vista de 360 grados, un centro de retiros, una colosal figura con los cuatro grandes propagadores de la paz: Juan Pablo II, María Teresa de Calcuta, Martin Luther King y Mahatma Gandhi, y como coronilla el símbolo de la familia masacrada en El Mozote. Sin duda será un gran atractivo.
Pero la paz y la reconciliación, y el turismo mismo, funcionan mejor cuando la necesidades básicas de los verdaderos anfitriones o los dueños de la historia están cubiertas. Treinta y un años después de la masacre, considerada la peor del hemisferio occidental en tiempos modernos, los vecinos y familiares de las víctimas reciben turistas, tiene valiosos recursos, otros ajenos construyen monumentos, pero los que deberían ser los protagonistas en este tipo de turismo parecieran condenados a vivir en la pobreza y cargando el duelo de su historia. Entonces, turismo rural para quién.
comentarios
Este artículo me ha dejado estupefacto, parece imposible que en estos tiempos se den este tipo de actos de barbarie, sin embargo así es, recordemos aquella sabia frase que dice "El lobo(enemigo) del hombre, es el hombre". Por otro lado el esquema de turismo rural como producto alterno es interesante analizarlo y aplicarlo en países como México donde estoy iniciando con la creación de la Asociación Mexicana de Turismo Rural, A.C., somos una agencia de viajes especializada en la promoción del Mundo Maya abarcando a los cinco países integrantes (México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador)desde hace 14 años. Por otro lado le ofrecemos nuestro espacio de Facebook para publicar y difundir sus valiosos artículos, actualmente estamos en la construcción de un portal integrando a los cinco países www.porelmundomaya.com
Saludos desde México. Joaquín Sánchez