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Revista Electrónica de Turismo
Edicion nº 434

O P I N I O N E S
Jorge DIAZ CANTERA - Argentina

- TURISMO y ECONOMIA
Cuando uno habla de Turismo, piensa enseguida en diversión y es cierto, así es. El hombre turista es aquel que busca modificar lo que hace todos los días normalmente, desea pasar a un estado anímico diferente, que nada que renueve su estado emocional en función de algo distinto. Pero claro, diferente a una situación parecida , que es cuando nos ponemos a leer un buen o mal libro.

Es evidente que la diferencia está en el espacio geográfico nuevo, o sea fuera del área normal. De tal forma dicho cambio toma el aspecto de aventura que implica ir hacia lo conocido o desconocido, pero que de alguna forma no es lo cotidiano. Aquella nueva situación geográfica ,que de alguna forma me modifica, además me divierte e incluso lleva a cambiarme los hábitos de consumo, las propensiones a consumir, los grados de utilidad de esos bienes y en consecuencia la eficiencia de ellos para conmigo.

Aquí nos vamos a aproximarnos a los cambios en el gasto económico y por tanto a encontrar el primer emparentamiento de esta aventura con lo económico, aunque no podemos decir que aquello constituya una ciencia humana como esta. Cuando vamos de turismo aumenta el gasto en todo tipo de bienes, algunos comprados en nuestro ambiente diario, pero la mayoría afuera del área. Parte de esos bienes son similares a los de todos los días, me refiero a la comida. Otros son diferentes, ropa nueva, carpas, zapatillas ,linternas, etc. Algunos los usaré siempre y otros solo cuando reinicie alguna aventura de este tipo. Pero una cosa es cierta, cuando salimos verdaderamente de turismo, se modifica la intensidad de algunos hábitos, como por ejemplo el hambre. Esta pasa a ser mayor y en consecuencia se potencia el gasto en esto. Es evidente que la situación nueva que me rodea me cambia los paradigmas, y eso me lleva a una nueva y mejor. Porqué mejor, pues claro me encuentro más relajado. No es lo mismo comer un huevo frito, con un buen aceite de oliva, paseando lejos de mi lugar de origen, con poca y desconocida gente alrededor, con paisajes diferentes y por lo general más lindos; que comerlo en mi lugar de trabajo. Como dijimos, este cambio de espacio me hace más propenso a un mayor y diferente gasto, o sea junto a cambios en la propia conducta de consumo.

También es cierto que la sumatoria de estos gastos individuales produce también cambios en los que ofrecen servicios en estos lugares nuevos, de esa forma se trans-forman en los pulsores del desarrollo de esas nuevas regiones y de esa manera se modifican también los comportamientos económicos de ellos mismos y los moradores. De esa forma, vemos como el turismo y sus impactos económicos llegan a cambiar los parámetros macroeconómicos del Estado, modificando la estructura productiva de País, incluso con otros, cuando aquel produce corrientes migratorias no permanentes.

Una cosa es cierta, uno no es turista cuando sale a cenar o va al teatro en su mismo hinterland; pasa a serlo cuando sale de él y se divierte con lo desconocido, entonces lo aprovecha. Ortega y Gasset, en su libro “la caza y los toros”, denominaba a la caza como “vacaciones de humanidad”, es decir que el hombre cuando salía de cacería se renovaba, se divertía o se dividía entre lo viejo (diario) y lo nuevo.

Esto evidentemente modifica los comportamientos económicos del propio hombre y de los que lo rodean.

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