| Miguel Rueda - COLOMBIA
- ARRIEROS SOMOS, FORJADORES DE VIDA
Por estos días en Colombia se celebran actos que son homenaje, recordación, añoranza, reparación o nostalgia de tiempos pasados recientes, los que aún tienen ancianos testigos de la que fue la actividad más decisiva y vigorosa de cuantas ayudaron a la colonización moderna, que actualizó, culturizó, industrializó, y fortaleció el comercio. Crestas generadoras de progreso y bienestar en los devenires cotidianos de una Nación joven como la colombiana.
“Arrieros somos, forjadores de vida”, bajo este titulo a Medellín llegaron desde Caldas las muladas del Eje Cafetero, del occidente las de Santa Fe de Antioquia, del norte las de Yarumal, del oriente las de Sonsón. En total 650 arrieros y más de 1200 mulas trajeron alimentos para los desplazados de la violencia.
Es menester hacer una lista de los atuendos utilizados en los años 30 por estos gladiadores de los caminos.
Atuendos del Arriero
Alpargatas: Sandalias, fabricadas artesanalmente en fique o en cuero.
Poncho: Retazo de tela rectangular, generalmente blanco y con bordados lineales, usualmente lo doblan en cuatro secciones y es utilizado por el arriero para proteger rostro y cuello del frío, además con ella se vendan los ojos de las mulas para cargarlas.
Ruana: Tipo de poncho de hilo, de mayores dimensiones, utilizado para cubrirse el pecho y la espalda. Prenda de forma cuadrada o rectangular, con un agujero en el centro para meter la cabeza y luego cubrir el cuerpo desde el cuello hacia abajo, para protegerse del frío.
Tapapinche: Especie de delantal grueso de cuero, utilizado para cubrir el "'pinche'" (nombre dado por los arrieros al pene), que usualmente se encontraba fuera de sus pantalones para poder continuar la travesía mientras meaba, de ahí el dicho 'andando y miando'.
Sombrero alón aguadeño de paja.
Machete herramienta corto punzante de un solo filo, utilizada como defensa y despeje de maleza en las trochas que se transitaban, se llevaba al cinto.
Carriel: Bolso de cuero de 14 bolsillos, que se terciaba al hombro, con insignias en la correa, los más finos elaborados con piel de nutria (hoy de uso prohibido), prenda indispensable para cargar elementos de uso personal, dinero, dados de cacho, baraja, etc. Símbolo de la vestimenta paisa (termino para designar a la gente oriunda de Antioquia).
De La Mula
Enjalma: Aparejo de la bestia de carga, a modo de albardilla ligera.
Retranca: Soga que asegurada la enjalma para que no se corriera hacia adelante.
Pretal: Soga que le hace contrapeso a la retranca para que la enjalma no se corriera hacia atrás
Lía: rejo de cuero bien delgado, que se le abre un bozal en el cual se coloca el primer bulto cuando se carga el animal.
Sobrecarga: soga más larga, sirve para amarrar la carga, tiene un cinchón de cabuya que se le pasa al animal por debajo del vientre.
Garabato: Gancho de madera fina, generalmente de guayabo o de arrayán. Por medio del garabato se asegura la sobrecarga y se aprieta bien fuerte con un nudo corredizo llamado nudo de encomienda.
En TIBANÁ, Boyacá, hermoso pueblo rodeado de exóticos paisajes, quebradas, y reservas forestales, se realiza la demostración más significativa sobre la arriería de esta zona de Colombia, “EL FESTIVAL DE LA ARRIERÍA”, homenaje a la profesión que pertenece a los campesinos de las zonas cafeteras y paneleras y que sigue siendo ejercida por ellos.
Me permito dejar una referencia sencilla, un trocito de un relato de mi infantil vivir, forma de unirme a estos merecidos reconocimientos que no solamente deben servir como tales, sino que deberán rescatar trabajos llamados a ser trascendentes internacionalmente, por su autenticidad y pertenencia al patrimonio de pueblos, ingredientes esenciales para que algo sea valorado de alto contenido turístico.
Relato “Los maravillosos fuegos artificiales”.
“Hora: 4:00 AM, todo esta listo, las 10 bestias enjalmadas, el Alazán aperado y los avíos preparados. Emprendemos el viaje, Luís marca la ruta montado a horcajadas sobre la Machinsa,…
3:30 PM, iniciamos el regreso. Las bestias al igual que los nubarrones van cargadas de negras prevenciones, advierten mejor que nosotros la transformación del paisaje, los tintes entre amarillentos, rojizos y morados que los nubarrones adquieren, distorsionados y aumentados por las sombras de los árboles. La tarde se oscureció casi como la noche, la quietud y el silencio sobrecogedores se ven interrumpidos únicamente por el resoplar de las mulas y el golpetear de las herraduras. La calma es chicha, dice El Telésforo.
Estoy impresionado, nunca había visto algo parecido, es extrañamente bello y turbador. Pienso en los relatos de El Isidoro, - me estremezco al pensar en la tragedia que ocurrió la tarde que el Patascoy se irritó, mito sagrado de los Quillasingas, como la de hoy-. ¿Seremos nosotros los causantes? le pregunto al Luis, él me responde,...
Si a alguien le interesa el relato completo, solicítemelo por correo electrónico.
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