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| Revista Electrónica de Turismo | |
| Edicion nº 430 | |
| D E S T I N O S - T U R I S T I C O S
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| Raul Alvarez - MADRID
- ¿TIENEN CICLO DE VIDA LOS DESTINOS TURÍSTICOS?
La economía turística de mercado, por tanto, ha de pasar de una óptica de demanda a otra de oferta, donde esta última por sus características y conveniencia (fines superiores de conservación del patrimonio, medio ambiente y calidad de vida de la población), determina rigurosamente los volúmenes de demanda a conseguir para determinados espacios y recursos, en determinados momentos temporales, con determinados ritmos de crecimiento armónico y con las características sociodemográficas y de comportamiento adecuadas a dicha oferta.
En este marco de desarrollo, defendido por los economistas, urbanistas, sociólogos, geógrafos, biólogos y otros expertos más avanzados en la gestión del turismo, tiene poco sentido hablar de fases de “despegue”, “desarrollo”, “consolidación” y “estancamiento o declive” (con o sin rejuvenecimiento); todas ellas quedan subordinadas a la gestión del territorio y oferta (instrumentos legales, urbanísticos, tecnológicos y de planificación y marketing).
Los destinos turísticos “no cierran”, como las empresas, o “quiebran” y “fracasan”; son espacios que se planifican, mejoran y gestionan en función de sus propias características, fines de desarrollo y las características (segmentos) y evolución de los mercados turísticos. En este contexto, los “productos” turísticos específicos (paquete turístico y ofertas de viajes) tienen su ciclo de vida en función de los mercados y es aquí donde las empresas turísticas han de ser competitivas y alcanzar altos grados de productividad frente a otros productos de otros destinos (calidad, gestión ambiental, innovaciones, precios).
La dinámica de los mercados exige otra paralela para crear, innovar, y ofrecer ventajas comparativas que permitan alcanzar el número de turistas deseado, con el status y capacidad de gasto ideal, en los momentos programados (baja temporada, fines de semana, puentes, verano, etc); con una gran capacidad para responder rápidamente a los cambios en los mercados nacionales y extranjeros.
Tanto para los destinos “emergentes” como para destinos maduros, muchas veces demasiado maduros, no funciona la “mano invisible del mercado” sino fuertes y necesarias intervenciones del sector público, que lejos de tópicos o buenas intenciones, regulen firmemente tanto los territorios (superficies urbanizables, coeficientes de edificabilidad, alturas, distancias al litoral, estética constructiva y otros) como el patrimonio, el medio ambiente y lo sociocultural. Al mismo tiempo, la puesta en marcha de políticas endógenas que privilegien que los efectos económicos y sociales, en la mayor medida posible, se fijen en las unidades planificadas (destinos).
Utilizar como arma arrojadiza contra el sector público (nacional o regional) las cifras globales de turistas o ingresos (cuando disminuyen) no sólo es injusto sino también insolidario. En la promoción de destinos los esfuerzos presupuestarios corresponden en su casi totalidad al sector público (España, regiones o zonas) y, si bien nosotros mismos desde NEXOTUR defendíamos que deberían incrementarse de forma importante, el sector privado debería cooperar más con el público para vender los productos más relevantes (objetivo y responsabilidad eminentemente privados) en los distintos espacios).
Los destinos turísticos españoles, desde 1958 hasta hoy, han tenido un solo ciclo: crecimiento y consolidación.
La realidad así lo demuestra pues en este notable espacio temporal de 48 años hemos tenido demanda creciente e ingresos totales crecientes. Algunos descensos coyunturales por las crisis del petróleo u otros conflictos se han recuperado con mayor rapidez que otras crisis que afectaron a distintas actividades económicas. La disminución de la estancia media se compensa con un mayor número de viajes al año de menor duración. El gasto medio persona y día, si desciende, es responsabilidad, con independencia de la evolución de la renta en los países emisores, tanto del sector público como del privado, quizá más de este último, que deben segmentar cada día más los mercados y la promoción para elegir status de turistas con más capacidad de gasto y configurar productos adecuados a los mismos, con una estructura de gasto lo más completa posible que incremente el gasto medio.
El volumen de turistas recibido anualmente por España es importante pero solamente el mercado europeo emite más de 450 millones de “llegadas” a otros destinos de los que España recibe aproximadamente 54 millones, es decir, en torno a un 12%.
Estas magnitudes del mercado europeo y nacional permiten una gran capacidad de maniobra para “gestionar” la demanda y evitar las supuestas fases de declive, en función de una oferta turística difícilmente sustituible como la española, incluso a muy largo plazo. El reto, como se ha dicho reiteradamente, consiste en:
Con estas actuaciones básicas y las complementarias que corresponda, nos atrevemos a afirmar que no sólo tiene poco sentido hablar de ciclos de vida del destino sino incluso de los productos turísticos. Tendríamos que hablar, seguramente, de gestión turística eficiente o ineficiente de destinos y productos pero por parte de todos, es decir, sector público y privado.
Hoy, hablar de si es más importante la intervención pública o privada en el turismo tiene la misma importancia que hablar del sexo de los Ángeles; las dos constituyen o conforman los destinos y productos, no hay macro ni micro sino una unidad turística común.
La responsabilidad de unas mejores o peores cifras anuales en turismo corresponde tanto al sector público como al privado y a las coyunturas económicas de los tres o cuatro grandes emisores europeos para España, sobre los que han de aplicarse las políticas segmentadas anteriores de demanda, oferta y promoción.
Es perfectamente avalable la actual política de la Secretaría General de Turismo orientada a la calidad, productos, investigación y segmentación y apoyo a las nuevas tecnologías y las intervenciones en el territorio con Agendas 21, planes de excelencia y dinamización (magníficos instrumentos de planificación efectiva de municipios y comarcas), el SCTED (Sistema de calidad total) y otros como la promoción de España en los mercados emisores emergentes: Rusia, China, India, etc. Sería deseable que tanto las CCAA como los grandes grupos empresariales turísticos apoyasen esas políticas con acciones participativas (programación y presupuestos) y no sólo contemplativas, receptoras y, muchas veces, críticas. |
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