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Revista Electrónica de Turismo
Edicion nº 464

O P I N I O N E S
Carlos Campoy - MADRID

- CARESTIA Y TURISMO

Que la carestía ahuyenta al turismo es cosa bien sabida, especialmente si sobreviene de improviso, como la que encarece el comercio en general en estos meses. Y aunque tal carestía sea compartida por la competencia, alegando como se alega que su origen está en las oscilaciones del precio del petróleo y en otras manipulaciones de los mercados, alguna prevención se debería adoptar al respecto para tranquilizar los nervios de los que preparan Fitur en estas vísperas de la próxima edición.

La imagen turística de un país se forma con precios honestos, calidades excelentes y una publicidad sincera. Y también que los beneficios se encuentren ajustados a la medida de la capacidad de la demanda potencial. Porque este fenómeno no tiene su origen en el turismo, sino en otros factores, ante los que se debe reaccionar a tiempo, antes de que se desborden y provoquen mayores consecuencias. El turista es un ser vulnerable que se siente frustrado en estos casos y reacciona limitando al máximo sus gastos, si se ve atropellado al ejercer sus previsiones.

Y es que el turista que viene se identifica con el estrato social medio de la clientela franco-anglo-germana, que incluso nos llega crecida cada año. Es una audiencia que tiene una limitada su capacidad de gasto, que le costaría soportar si tuviera que enfrentarse a un alza de precios inesperada. El otro turismo, el que cuentan con mayor disponibilidad económica, raramente viaja durante la temporada alta y suele frecuentar diferentes destinos elitistas como son los que se consideran todavía de lujo, como el de golf, los safaris, la náutica, etc.

Por todo esto, una elevación irracional y desatada de los previos básicos – que en turismo lo son todos: y que se corresponden con el desplazamiento, el alojamiento y el ocio – pueden repercutir en la demanda con el consiguiente perjuicio para todos. Esta inflexión se ha producido en aquellos países que, obnubilados con el éxito fácil, perdieron el sentido de la medida al tasar sus prestaciones y mataron la gallina de los huevos de oro, pagando con el alto precio de la crisis letal, en algunos casos definitivos.

Es cierto que la mantener una responsable actitud ética en los negocios es el mejor de los negocios posibles, si de lo que se trata es de conseguir un turismo sostenible, mediante una autodisciplina económica responsable. A corto, a medio y a largo plazo el que engaña se engaña a sí mismo, si no corta a tiempo su alucinada deriva avarienta.

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