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Revista Electrónica de Turismo
Edicion nº 438

E M P R E S A R I O S
Isabel García Isa - MADRID

- CAMBIO DE MENTALIDAD
Aunque hace ya algunos lustros, muchos de nosotros pensábamos que la industria turística y de ocio se sustenta en una red de relaciones entre los distintos subsectores, que permiten la unidad e identidad del sector, y que gracias a ellas se desempeña con éxito esta actividad productiva. Es en estos momentos, cuando los principales responsables del sector turístico tratan de imbuir y convencer a los distintos agentes turísticos que es a través de la interacción como se mejora la productividad de las empresas, generándose una cadena de valor que tiene como último eslabón al cliente, al que los profesionales del sector tienen la misión de satisfacer cumpliendo sus expectativas.

Alcanzar y mantener el éxito empresarial requiere talentos prácticamente imposibles de encontrar en un solo individuo. La evolución hacia nuevas estructuras organizativas, más planas y con menos niveles jerárquicos, basadas en la adecuada gestión de los distintos procesos productivos, requiere de una interacción mayor entre las personas, que sólo puede lograrse con una actitud cooperativa. Dicho en otras palabras, el sector turístico español necesita, para seguir manteniendo su posicionamiento mundial, de equipos humanos altamente profesionales, (integrados por personas zappeadas), con capacidad para interactuar y auto supervisarse, y en las que se delegan competencias y responsabilidades. Pero los grupos requieren obligatoriamente, si quieren serlo, de líderes que siempre estén a su lado estimulando, coordinando, delegando y tutelando a los equipos hacia las metas y objetivos que tiene programados.

La formación, se esta convirtiendo en una herramienta valiosísima para consolidar este cambio de mentalidad en la administración empresarial. Adiestra a los tradicionales mandos en la filosofía del empowerment, o lo que es lo mismo, a integrar todos los recursos a su alcance para lograr un mayor grado de eficiencia y eficacia, utilizando la comunicación como fuente no solo operacional, sino también de estímulo y compromiso.
Estas acciones formativas pretenden una mejora en el desempeño de las funciones básicas del directivo y especialmente en la adopción de modelos de liderazgo más participativos y democráticos que ayudan a sacar el máximo rendimiento de los colaboradores en el desarrollo de los procesos y procedimientos que les han sido encomendados.

Pero este cambio de actitud no es fácil, y el directivo se siente asustado e inseguro al finalizar su aprendizaje. No en vano las empresas se llevan gestionado con criterios tayloristas de ordeno y mando aproximadamente un siglo y los cambios doctrinales son sencillos de entender pero difíciles de poner en práctica. La responsabilidad que recae sobre el management empresarial es mucha. De sus decisiones y forma de coordinar depende no solo la excelencia de los productos o servicios, la adecuada comercialización y distribución de los mismos, la fidelización de los clientes, y un largo etc. , que están en la mente de todos, sino también el bienestar y la calidad de vida de sus colaborados, amen de sus expectativas personales y profesionales. Estas atribuciones, consustanciales al cargo, pesan como una losa. De ahí la irrupción en el ámbito empresarial del entrenador personal que permite reforzar la autoestima, el talento, y alcanzar el máximo rendimiento del individuo. Directivos estrella y empresarios punteros se han sumado a la moda del coaching, aunque no me consta, tras algunas indagaciones, que en este ranking de la jet empresarial, se encuentren representantes de los principales grupos empresariales del sector turístico español. El coaching, cito literalmente, se define como: “Un proceso de acompañamiento personalizado en que el profesional libera su talento a través de la detección de sus puntos fuertes, de sus oportunidades de mejora y la elaboración y seguimiento de un plan de acción” (Cubeiro, J.C. 2007, El País). Pero, para tener un coach se requiere además de dinero, humildad para dejarse ayudar, afán de superación y mejora continua, sentirse uno más del nosotros y pensar que el hecho de detectar un rol de alta responsabilidad empresarial no es sinónimo de infalibilidad y prepotencia. En estos momentos, es obvio preguntarse cuantos directivos del sector turístico que afirman, acertadamente, la necesidad de entrenar y evaluar el rendimiento de sus clientes internos, estarían dispuestos también, a ser entrenados y evaluados para optimizar sus decisiones y resultados tan imprescindibles para alcanzar el éxito empresarial. Seguro que muchos. En eso consiste el CAMBIO DE MENTALIDAD, al que deberán responden los directivos españoles que lideren la industria turística en el siglo XXI.

Además, no hay vuelta atrás, los nuevos modelos de gestión empresarial orientados a la satisfacción del cliente, obligan a que la actividad laboral se desarrolle de forma concatenada, formando una cadena sólida de relaciones en la que unos miembros de la empresa, al margen de su nivel de responsabilidad y cualificación, proveen de recursos (información, resultados, etc.) a otros (su cliente interno), facilitando y agilizando su labor, siempre bajo el prisma de prestar un servicio de calidad al único y verdadero protagonista de la actividad empresarial, el cliente externo, al que afanosamente se desea convertir en cliente cautivo.

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