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Revista Electrónica de Turismo
Edicion nº 438

T U R I S M O - S O L I D A R I O
Jose M deJuan - MADRID

- TURISMO INDIGENA y PLANIFICACION TURISTICA
Desde la perspectiva de la planificación turística, la presencia de comunidades indígenas, aunque es deseable desde el punto de vista ético, ambiental y cultural, ocasiona muchísimos conflictos en la ordenación territorial turística, especialmente en el caso de los países en vías de desarrollo.

Los espacios geográficos habitados por las comunidades indígenas más aisladas y sensibles coinciden con frecuencia con espacios naturales protegidos; por lo que dichos espacios, a la hora de planificar las actividades ecoturísticas desde el punto de vista ambiental, deben introducir también las variables culturales y humanas. Los conflictos de uso de los territorios y los conflictos generados entre las actividades productivas tradicionales y las actividades turísticas son generalizados: gobiernos estatales, autoridades locales y empresas ecoturísticas desean desarrollar actividades turísticas en áreas habitadas por poblaciones indígenas, con lo cual éstas pasan a convertirse en un estorbo. Varios son los motivos por lo que ésto ocurre:

Por un lado, la propia legislación de los ENP-Espacios Naturales Protegidos- choca frecuentemente contra las costumbres y medios de vida tradicionales de las poblaciones indígenas y marca las reglas de juego: caza, pesca, recolección...; a veces, espacios rituales, cementerios y otros elementos fundamentales de las culturas indígenas se quedan englobados dentro del territorio de un espacio natural protegido, generándose restricciones de acceso que afectan a las poblaciones locales.
En este contexto, las limitaciones para la práctica de las actividades tradicionales de supervivencia indígena no siempre - por no decir casi nunca – están compensadas con empleos o alternativas económicas en el esquema de la actividad ecoturística. Además, en el caso de que tales alternativas existan, la escasa formación y capacitación de las comunidades indígenas sólo les permiten acceder a los puestos de trabajo de nivel más elemental (camareros, porteadores, limpieza, conductores, boteros), con lo que la compensación a las reducciones de sus actividades tradicionales no es claramente la más adecuada.
Otras muchas veces, el espacio natural protegido apenas crea empleos para los indígenas- porque se protege pero no se explota- ; y cuando crea empleos, éstos son tan específicos y especializados que no pueden ser cubiertos por las poblaciones locales, sean o no indígenas.

Continuando con el papel de los indígenas en la planificación turística, ya hemos apuntado que pueden constituir un “estorbo” en repetidas ocasiones, siempre desde el punto de vista de la planificación turística estatalizada, centralizada y clásica . A pesar de ello, en la mayor parte de las ocasiones tampoco se desea prescindir de ellos: los indígenas están de moda. Los mismos elementos clave de los pueblos indígenas que apuntábamos al principio de este artículo: fragilidad, rareza, exotismo, primitivismo, aislamiento,...son al mismo tiempo muy atractivos como imagen para la curiosidad -sana o malsana- de turistas y visitantes, por lo que las autoridades y empresas turísticas se resisten a prescindir de ellos totalmente, a aislarles lejos de los turistas o a expulsarles de sus territorios. Los indígenas se convierten así en un hecho diferencial y en un valor de venta del territorio o destino, y se les conserva como elemento folklórico, a ellos y a sus productos.
Esta necesidad de preservar comunidades y valores indígenas para atraer y entretener a los turistas y visitantes, provoca en algunos destinos situaciones absurdas o cuando menos tragicómicas: mientras en algunos espacios los indígenas son presionados o expulsados, en nombre del turismo convencional o de cualquier otra actividad económica, en otros puntos la industria turística local se ve obligada a construir o recrear aldeas indígenas completas para entretener las jornadas de los turistas: en estas aldeas, más parecidas a un mini - parque temático, la población local se viste de indígena, vende artesanías indígenas, habita casas de arquitectura tradicional indígena y practica oficios tradicionales indígenas.
Pero todo ello es como una gran película: tan pronto como se va el último turista, los “indígenas” se cambian de ropa, dejan los oficios, cierran tiendas y viviendas, toman sus vehículos y se trasladan a su residencia habitual, vestidos a la “occidental” y en un barrio que podría ser de clase media occidental. Esta escena se repite diariamente en ciertos destinos turísticos de todo el mundo: Thailandia, Kenia, Marruecos, Asia- Pacífico y América Latina en general. La afición de los turistas por lo indígena ha generado cientos de estos “ pseudo-productos” de turismo indígena, que si bien es cierto que crean riqueza y puestos de trabajo, también es cierto que contribuyen a la contaminación y degeneración de la entidad cultural de las poblaciones locales, sean o no indígenas.

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