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| Revista Electrónica de Turismo | |
| Edicion nº 446 | |
| T U R I S M O - S O L I D A R I O
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| Jose M deJuan - MADRID
- EL TURISMO EN LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO
Después de los conceptos que hemos ido introduciendo en esta sección (turismo justo, turismo solidario, turismo responsable, turismo sostenible, turismo indígena) es inevitable hablar de uno de los temas que más nos apasiona y nos complica la vida, como es el papel y el tratamiento del turismo en la cooperación al desarrollo.
Será necesario seguir abordando este tema en repetidas ocasiones puesto que representa una gran complejidad: en cuanto a la sostenibilidad de las acciones, en cuanto a los impactos de las actividades financiadas en la comunidad local, etc; temas que ya hemos ido adelantando.
La verdad es que el panorama es bastante descorazonador. Es cierto que la mayor parte de las cooperaciones contemplan entre sus líneas de desarrollo a las actividades turísticas, y ello puede deberse a muchos factores.
Uno de ellos es inevitable: el turismo tiene fama de ser un creador rápido de empleos y un generador inmediato de divisas. Es inevitable que esto sea así cuando, por ejemplo, lo uqe gana un porteador serpa en el Nepal en una buena expedición puede ser el equivalente a varios años de ingresos cultivando arroz en la explotación familiar, sin contar el prestigio, el reconocimiento social, los regalos, las propinas. El atractivo indudable que ejercen las profesiones de sector turístico en los países en vías de desarrollo está más que justificado. Los organismos de cooperación ven así en el turismo una posibilidad, bien intencionada, de rentabilidad casi inmediata para las comunidades locales y para los proyectos. De hecho, es habitual que las actividades turísticas contribuyan a financiar esquemas educativos, de investigación o de conservación, por ejemplo. Pero hay muchos problemas en el paraíso. La visión del turismo como creador casi compulsivo de empleos suele olvidar que la mayor parte de estos empleos se concentra en los servicios más básicos y los puestos menos cualificados. También suele olvidarse la gran dependencia que ello genera en las comunidades locales de los flujos de turistas y de los avatares del mercado turístico internacional, sobre los que dichas comunidades locales y sus destinos carecen del menor control. Todo ello conforma claramente un factor de insostenibilidad en la actividad turística.
El turismo presenta otros problemas intrínsecos que son la necesidad de crear unas mínimas infraestructuras, principalmente alojamientos, y la de su gran vistosidad o capacidad de generar imagen y visibilidad a un proyecto de desarrollo. Ello hace tender a los organismos de cooperación a construir albergues ecoturísticos, hoteles rurales, centros de visitantes, senderos señalizados e infraestructuras similares, que luego necesitan ser mantenidos, reformados, gestionados por personal formado, promocionados y comercializados, y aquí es donde empiezan a fallar las cosas. En primer lugar, la descoordinación entre organismos de cooperación y la falta de una planificación turística estratégica en los destinos no aseguran que la instalación de que se trate esté en el lugar más adecuado.
Muchas de ellas están subutilizadas, abandonadas o pudriéndose por falta de una coordinación entre la creación de instalaciones y su adecuada promoción y comercialización, o porque nunca tuvieron unos gestores locales formados suficientemente para su reconversión a empresarios turísticos.
El impacto de este tipo de situaciones es muy elevado, y los ejemplos son innumerables. El impacto no implica sólo el gasto más o menos inútil de unos recursos públicos, sino también la pérdida de ilusión ( y también de inversión) de las comunidades locales. La coordinación habitual entre los diversos donantes de cooperación que coinciden en cada zona que es objeto de desarrollo. Sin unas estrategias de desarrollo turístico claras, con continuidad, y que sean asumidas coordinadamente entre los distintos donantes, este tipo de cosas seguirán pasando. La descentralización de la cooperación que desarrollan de forma intensa las Comunidades Autónomas, los grandes ayuntamientos y todo tipo de fundaciones, contribuye a aumentar el desconcierto en la planificación del desarrollo turístico ligado a la cooperación
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