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Revista Electrónica de Turismo
Edicion nº 454

M E D I O   A M B I E N T E
José Manuel Delgado del Castillo - MADRID

- Union europea: escenario clave para el turismo y medio ambiente (TERCERA PARTE)

La situación actual del turismo y medio ambiente a nivel europeo concilia el turismo con la protección del medio ambiente. Éste ha sido objeto de múltiples reuniones, simposios y conferencias a diferentes niveles desde la década de los años sesenta y setenta. El sector del turismo en la Unión Europea es uno de los más importantes, desde el punto de vista económico.

El fenómeno turístico conlleva indudablemente costes y beneficios en el contexto de los riesgos y de los retos que la industria turística plantea para la conservación del medio ambiente. El medio ambiente está integrado por los recursos naturales, las cosas creadas o inducidas por el hombre y la humanidad. La actividad turística se conforma a través del uso de los recursos naturales (paisajes, lagos, playas, etc) y por las cosas creadas o inducidas por el hombre (monumentos históricos, arte, costumbres, etc).

A fines de la década de los años sesenta se planteó la necesidad de una nueva relación turismo-medio ambiente. Los problemas de la dilapidación de los recursos y de la contaminación, dieron relevancia a la cuestión ambiental. A partir de ese momento es cuando la relación entre turismo y medio ambiente comenzó a ser redefinida en un nuevo marco conceptual. El estudio del turismo y medio ambiente, -considerando sus repercusiones negativas y positivas sobre los ecosistemas, así como los valiosos aportes a la planificación de la actividad-, son sin duda un logro de esta nueva perspectiva ambiental. En otras palabras el origen de la relación conflictiva entre turismo y medio ambiente radicaría en el "uso turístico que se hace del territorio y que como agua, tierra, paisaje, o en la degradación, cuanto menos irreversible, de los mismos".

La relación turismo y medio ambiente nace de que todo tipo de turismo, posee unas exigencias y al mismo tiempo, unos defectos específicos en el medio. En este sentido, A.MATHIENSON y G.WALL recogen en su libro "Turismo. Repercusiones Económicas, físicas y sociales", los tres tipos de relación planteados por BUDOWSKI entre aquellas de promoción del turismo y las avocadas a la conservación del ambiente que podemos sintetizar en indiferencia, simbiosis y conflicto. De ahí la importancia del carácter simbiótico que puede presidir la relación, de manera que turismo y conservación se presten un apoyo mutuo al organizarse de forma tal que ambos obtengan un común provecho.

"Desde principios de los años noventa, buena parte de la bibliografía al uso sobre turismo aborda la necesidad de compatibilizar turismo y medio ambiente". Esta temática viene precedida en las décadas anteriores por otras investigaciones que manifiestan con mayor o menor ahínco, una preocupación por la conservación de los recursos naturales, objeto de atracción turística, al tiempo que comienzan a analizarse sus repercusiones física y, sobre todo, socioeconómicas. De hecho, aunque le precedieron otras declaraciones y conferencias, el hito lo marcó la Declaración de Estocolmo (Suecia) de la Naciones Unidas sobre el medio humano (5-16 de junio de 1972) en la que se impele al hombre a proteger y mejorar el medio. Paralelamente, las disposiciones que conciernen al turismo van a recoger también las máximas anteriores, sobre todo, después de que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en el seno de la Conferencia Mundial del Turismo (1978) se aprobó la Declaración de Manila, donde por primera vez se resuelve que el turismo como factor de desarrollo ha de respetar los recursos naturales así como, los lugares históricos y culturales (principio 18). Esta reunión, reconocía como punto de partida la trascendencia del medio ambiente en el crecimiento turístico, y abogaba por alcanzar una sinergia entre turismo y medio ambiente, de forma que se multiplicaron sus interacciones positivas y se limitaron las negativas. En el mismo sentido se pronunciaron A.MATHIENSON y G.WALL, quienes caracterizan como ambivalentes las relaciones del turismo con el medio ambiente y subrayan su carácter simbiótico, pues el turismo puede, a su vez, favorecer la adopción de medidas de conservación de los recursos naturales. Más decisiva, fue la Declaración de La Haya (Países Bajos) de abril de 1989, en donde se dispone que la integridad del medio natural, cultural y humana es condición fundamental del desarrollo del turismo, así como la necesidad de promover una planificación integrada del desarrollo turístico que se fundamente en la noción de "desarrollo duradero" (principio III).

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