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El calentamiento global y sus efectos sobre las zonas turísticas

Muchos lugares considerados maravillas del mundo y que hoy en día atraen a millones de visitantes cada año, tanto por su riqueza cultural como paisajística, podrían dejar de ser destinos turísticos en el año 2020. No sólo eso, un reciente informe que ha elaborado el Centre for Future Studies de Londres (CFS) en septiembre de 2006 para la compañía de seguros Churchill presentó una situación demoledora: “La Gran Barrera de Coral”, valles de Capadocia Turquia, frente a las costas de Queensland (Australia), o el Valle de Katmandú (Nepal) Patrimonio de la Humanidad desde 1979 pueden ver reducido la afluencia de visitantes.

Si seguimos con éste crecimiento desmedido del uso irracional de los recursos turístico ¿podremos llegar algún día al agotamiento de éstos? Por otra parte ¿Influirá en el turismo el calentamiento global?

Evidentemente hay que decir que sí. No podemos seguir haciendo un mal uso de los recursos turísticos ni tampoco podemos permitir estar parados frente al calentamiento global que estamos viviendo un en día. Además ¿cómo influirán estos aspectos en el turismo mundial o de España lo próximos años?

Coincidiendo además con la celebración del Día Mundial del Turismo, el citado estudio enumeró diez destinos populares con alto riesgo de ser cerrados o de establecer un límite de visitantes.

Ejemplos claros a nivel Internacional pueden ser El Parque Nacional de Everglades en Florida, en Estados Unidos; Atenas, en Grecia, considerada como una de las cunas de la civilización occidental; la Toscana, con sus monumentos y viñedos, y la Costa Amalfitana, con sus calas y acantilados, en Italia; la costa de Croacia, famosa por su belleza y clima; y Las Maldivas, en el océano Índico, al sur de la India, amenazan con cambiar drásticamente si no se establecen las medidas necesarias para evitarlo.

El director del Centre for Future Studies, D. Frank Shaw, argumentó que en los próximo años “íbamos a vivir una aceleración del cambio climático que va a influir drásticamente en varios lugares turísticos del mundo”. Las actuales inundaciones que hemos vivido éstos últimos años con las desastrosas consecuencias de pérdida de vidas, así como las tormentas, las sequías y el aumento de las temperaturas, que incluso estamos viviendo en España en éste invierno tan atípico, evidentemente van a cambiar las elección de muchos de los típicos destinos por parte de los turistas.

Es más otro análisis llevado a cabo en zonas costeras españolas, realizado por el catedrático de la Universidad de Cantabria Dr. D. Raúl Medina Santamaría, revela que Canarias será una de las zonas más afectadas por el cambio climático en las próximas décadas, con retrocesos en las playas de hasta 50 metros y con un fuerte aumento del oleaje en las zonas norteñas.

Además éste mismo catedrático de Oceanografía de Costas de la Universidad de Cantabria, Dr. D. Raúl Medina, explicó que “lo importante ante los datos que revelan este estudio es tomar medidas” y aconseja que se realicen estudios en “cada Comunidad Autónoma, en cada isla y en cada municipio para ver cómo va a afectar el cambio climático a su costa”.

Recordó que España ya cuenta con un Plan Director de Sostenibilidad en el que el Ministerio de Medio Ambiente ha incluido acciones con respecto al cambio climático y la costa. Además determinó que el cambio climático que se está viviendo en las zonas costeras españolas afectará al 45 por ciento de la población española, que  vive en el 7 por ciento del territorio que constituyen los municipios costeros.

También destaca que el escenario actual del cambio climático en España es algo que “hay que tener en cuenta a la hora de realizar cualquier tipo de política urbanística”, tal y como ocurre en la actualidad con el impacto medioambiental. Señaló que ya Galicia, Cataluña y País Vasco están haciendo estudios similares en sus respectivas Comunidades, y esto es tan importante que todas éstas  Comunidades deben de poner los medios a su alcance para evitar que la situación vaya a más.

Hace poco escuchaba que es difícil poner puertas al campo o muchas opiniones de alumnos de la Diplomatura de Turismo donde criticaban a las Comunidades Autónomas, ya que algunas de ellas se estaban poniendo demasiado duros en temas legislativos o bien que las normativas estaban limitando la puesta en marcha de proyectos de turismo rural así como la comercialización de determinados recursos turísticos.

Está claro que si todos colaboramos o tomamos ejemplos de las medidas que otros países o autonomías están poniendo en marcha con respecto al cambio climático y su relación con el turismo es probable que no tendremos que lamentar posibles consecuencias posteriores que sean irremediables.

Hoy en día si hacemos un estudio de los últimos cuarenta años vemos que se está produciendo un aumento del nivel del mar de 2,5 milímetros al año y por ello llevamos a cabo una medición como señaló el Dr. Medina, en el 2050 el nivel habrá subido entre 12 y 15 centímetros porque “el ascenso se va acelerando”.

En Canarias, al igual que en Galicia, “el aumento es mayor que en el resto del litoral ya que en estas zonas se produce un aumento significativo de la altura de la ola”. La variación de la marea meteorológica en los próximos años será de 35 centímetros mientras que en la costa mediterránea será de 20.

El informe además ha especificado que “considerando una playa rectilínea no colmatada de arena de 1.000 metros de longitud, una variación en las proximidades de la playa generaría un retroceso en la mitad de la playa y un avance en la otra mitad”. También informa de que las playas más susceptibles a este tipo de retroceso corresponden a las de la zona Norte del Mediterráneo, sobre todo las de la Costa Brava, “siendo de especial relevancia el efecto en las islas Baleares y también en el Sur de las Islas Canarias.

En estas áreas, el retroceso puede superar los 50 metros” y en el resto del litoral este hecho puede suponer valores de unos 20 metros. En este sentido se destaca que las infraestructuras del litoral deberán adaptarse a los cambios en el oleaje y en el mar provocados por el cambio climático pues los cálculos iniciales que se hicieron para construirlas ya no serán válidos y necesitarán nuevas adaptaciones.

Además sabemos que actualmente y más en nuestro país existe un gran conflicto entre las preocupaciones ambientales y los intereses económicos y turísticos. Para España el turismo representa una parte muy importante de su producto interior bruto y para muchos países estas atracciones turísticas representan la mayor parte de sus ingresos, por lo que su pérdida como destinos preferentes podría conllevar graves problemas económicos. Si ponemos el caso de la “Gran Barrera de Coral” sólo la explotación turística les está generando 2.000 millones de libras cada año, por ello hay que poner los límites y prevenir futuras acciones.

Como ya se sabe, la relación del futuro del medio ambiente y el turismo se presenta cada día más incierto a corto plazo. Igual que antes fueron antagónicos y posteriormente en los años noventa se convirtieron en compatibles, ahora habrá que hacer un esfuerzo y poner los medios para equilibrar el sistema de calentamiento global con el uso racional de los recursos turísticos.

Los estudiosos del cambio climático nos auguran un futuro problemático y comentan que los próximos años habrá más sequías, más inundaciones y además que la temperatura media subirá más de cinco grados a final de siglo. Se puede decir sin miedos exagerar que el cambio climático está causando daños millonarios al turismo.

Además hay otro dato que revela que si seguimos en esta tendencia para el año 2030 se perderán 500 millones de euros anuales en reparar los daños por las inundaciones y en las represas hidroeléctricas con menor generación de energía, así como en sistemas de riego artificial para soportar la falta de agua y las altas temperaturas.

Ya nadie discute que la emisión de dióxido de carbono y otros gases, provocados por coches, las fábricas y todos los derivados del petróleo, está generando un efecto invernadero en la atmósfera y que en pocos años provocará problemas irreversibles frente al turismo y que además nos está elevando la temperatura media así como una mayor inestabilidad en las precipitaciones.

Otro aspecto negativo es el deshielo de los glaciares por el cambio de la temperatura. Si ponemos el caso de Argentina, de los 50 glaciares registrados en la Patagonia, 48 ya están retrocediendo. A nivel global, esos deshielos —más el previsto en la Antártida— van a colaborar con el incremento de los mares del mundo. En Argentina se estima que el mar llegará a subir entre 35 y 60 centímetros hacia el 2100.

El efecto invernadero también tiene su influencia devastador en las Islas Canarias como hemos comentado antes, donde sus playas, si no se protegen, podrían seguir siguiendo la misma tendencia.

Este problema también se aplicar y se deduce que sus ríos pueden llegar a perder hasta un 30 por ciento de su caudal dentro de veinte años y aunque aumentarán las precipitaciones, las altas temperaturas harán que el agua se evapore a mayor velocidad. Según el Centro de Investigaciones Científicas de Madrid (CSIC), en menos de 30 años los caudales serán tan pobres como en la década de los años 60.

Otro estudio, conducido por el Dr. Barros y financiado por la Fundación Torcuato Di Tella, estima que el caudal de los ríos Colorado y Negro caerá un 32 por ciento para el año 2030. Esto, señala el informe, generará “pérdidas de generación hidroeléctrica de unos 206 millones anuales”.

¿Es irremediable que todo esto ocurra? La pregunta no tiene hoy una respuesta segura, pero el mundo empieza a asumir como inminentes —poco más de 20 años— las peores consecuencias del calentamiento global.

Además buena parte de estos cambios que afectan al turismo y al medio ambiente es responsabilidad del hombre. Esto se debe a que el   efecto neto de las actividades humanas desde 1750, es decir, desde la primera revolución industrial, ha supuesto un calentamiento global, que se ha reforzado desde 1960, esencialmente debido al uso de combustibles fósiles y del cambio en el uso de los terrenos.

Como hemos comentado antes, de seguir así las cosas, la temperatura media en el mundo aumentará probablemente entre 1,8 y 4 grados para finales de siglo, el nivel del mar se elevará entre 28 y 43 centímetros, lo que sería desastroso para países como Bangladesh, y habrá, con casi total seguridad, más olas de calor y tormentas tropicales más intensas.

El Protocolo de Kyoto se ha quedado corto, y su fecha de expiración, 2012, demasiado larga. No se puede aguardar tanto, y esta vez tienen que subirse al carro Estados Unidos, China e India. El calentamiento puede tener efectos dramáticos sobre el turismo.

Las alarmas con respecto al calentamiento global y el turismo están sonando cada vez más fuerte. Ejemplos como éstos lo pudimos vivir hace muy pocos días con respecto al apagón voluntario de las cinco en la tarde que muestra que la conciencia ciudadana está creciendo, y cada vez más políticos van comprendiéndolo

Hace poco leía una frase que me impacto que decía que “no está claro que los humanos seamos los herederos de la Tierra, pero sí los responsables de preservarla, aunque sea por puro egoísmo, pues los efectos del calentamiento son ya un hecho a corto y medio plazo”.

Rectificar los efectos de la conducta humana en este terreno nos corresponde a todos y obligará a reequilibrar el crecimiento y la solidaridad económica, nuestra forma de vivir y el propio concepto del progreso.

Habría que recordar que la Comisión Europea propuso  reducir las emisiones de gases contaminantes para el año 2020 “por lo menos” en un 20% respecto a los niveles de 1990.

Bruselas, ofrecen un panorama dramático ya que sostiene que el cambio climático tendrá un impacto devastador para el sur de Europa, en particular para las cosechas y para el turismo, que se desplazará hacia el norte en busca de temperaturas más soportables.

La distribución de los impactos del cambio climático será probablemente desigual. Algunas regiones Europeas sufrirán de forma desproporcionada. En el sur de Europa, por ejemplo, el cambio climático reducirá la productividad de los cultivos, incrementará las muertes por calor y tendrá consecuencias negativas para el turismo estival.

El desbordamiento de los ríos, fuertes inundaciones, migraciones masivas de especies animales y un fuerte impacto económico son otros de los efectos que vaticina el llamado Estudio Peseta, del Centro de Investigación de la Comisión Europea, realizado gracias a imágenes de satélite y la compilación de los datos científicos más recientes.

“El patrón de los veranos puede cambiar radicalmente a lo largo de este siglo debido al cambio climático. El lugar con condiciones excelentes, situado ahora en torno al Mediterráneo (en particular para el turismo de playas), se desplazará hacia el norte, quizás hasta el mar Báltico o el mar del Norte”, reza uno de los trabajos comunitarios.

Sin embargo el éxodo turístico será más o menos masivo dependiendo de la capacidad que tengan las empresas y los propios veraneantes para organizar sus vacaciones fuera de temporada, por ejemplo en primavera. El flujo de turistas que veranea en las costas del Mediterráneo es el mayor del planeta. Estos viajeros -unos 100 millones cada año- gastan 100.000 millones de euros en su periodo vacacional.

El llamado Estudio Peseta hace estas proyecciones considerando que a finales del presente siglo las emisiones de dióxido de carbono se duplicarán o incluso triplicarán con respecto a niveles preindustriales. Según estos cálculos, las cosechas disminuirán hasta un 22,4% en el sur de Europa, debido a que el periodo de crecimiento de los cultivos será más corto. En el norte del continente, sin embargo, las plantaciones se beneficiarán -hasta en un 70%- del acortamiento de los periodos de heladas.

Las olas de calor acarrearán, además, según éste análisis científico, un incremento de la mortalidad durante los meses de calor, así como un mayor número de accidentes relacionados con fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones o tormentas.

Trabajar para paliar las consecuencias del cambio climático tendrá además un coste astronómico que Bruselas estima en “miles de millones de euros” por año para la segunda mitad del siglo XXI.
El año 2005 fue el más caluroso de los registrados hasta la fecha, según cifras de la NASA, que sostiene además que los 10 años más calientes de la historia han tenido lugar durante la década de los noventa.

En respuesta a las propuesta de la Comisión Europea, las organizaciones ecologistas Greenpeace y World Wild Fund / Adena rechazaron las cifras y objetivos del recorte del 20% en 2020 para las emisiones de gases de efectos invernadero, y calificaron el porcentaje reducción de “ínfimo y modesto”, al tiempo que reclamaron que los recortes asciendan al 30%. Greenpeace denunció que, con su planteamiento, la Comisión “traiciona a las futuras generaciones de ciudadanos de la UE, a las que quedará el verdadero legado de nuestra inacción en cambio climático”. Por su parte, WWF consideró que el paquete energético es una “propuesta modesta”.

Está claro que tenemos una difícil y dura batalla legal y de intereses económicos, políticos y sociales por delante que lleva a enfrentar el desarrollo del turismo a la protección del medio ambiente. Sin embargo, no por ello debemos de perder la esperanza de paliar estos efectos negativos con una mejor planificación y mejora de las actividades turísticas frente al desarrollo sostenible. Señores políticos hagan juego.